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lunes, 7 de agosto de 2017

1° B escribe mitos: "Deja el pasado atrás y sigue adelante"

A continuación compartimos otro mito que también explica el origen del arco iris, escrito e ilustrado por Chloe Verderrosa y Daiana Delgadillo. ¡Felicitaciones a las autoras!

Deja el pasado atrás y sigue adelante

Dos pueblos en plena disputa están, un grito de guerra empieza a sonar. En ese frío campo de batalla un sentimiento puede despertar. Entre tanto dolor y sufrimiento, a un acuerdo llegaran. Durante un tiempo hubo paz y los dos pueblos dejaron de pelear.

En el pueblo caónico la pequeña Darcy está ansiosa por salir, pero sus padres (Percy, semidiós de las aguas y Annabeth, semidiosa de la sabiduría y la estrategia) no lo quiere permitir. Ella, enfadada está, pues su libertad le quieren quitar.

Mientras que en otro pueblo (Atamanio), el pequeño Fred disfruta de su libertad. Pero, en ese momento, llega su padre (Helio, dios del sol), que enfadado con el pequeño niño está:

-Hijo, ¿Dónde estabas?- dijo su padre algo decepcionado.

-Estaba jugando. -dijo el niño emocionado.

-¿Has entrenado? -dijo su padre algo frustrado.    

El padre al niño se llevó, para terminar su gran “actuación”.

En otro lado la pequeña Darcy corriendo está, para poder su libertad recuperar. Su conciencia le dice que mal está y que una segunda guerra puede estallar.

El pequeño Fred de su padre otra vez escapó y, por error, con la pequeña Darcy chocó. En una posición algo vergonzosa cayeron, pero aún así, risas de sus bocas salieron. Comenzaron a hablar y cada uno se comenzó a presentar. Un poco rojos los dos se pusieron, ya que sus caras muy juntas estuvieron.

-¿Por qué estás aquí? - dijo Darcy con sus mejillas color carmesí.

El chico en silencio se quedó, pues un recuerdo  a su mente llegó.  Pisadas en el suelo se oyeron. Los soldados por los niños fueron.  Los dos niños prometieron volverse a ver. Pues con su amor verdadero decidieron crecer.

La conciencia de Darcy le dijo que tenía razón y que esto terminaría en una mala situación. Los padres de Darcy muy enfadados están y deciden a la niña encerrar. Darcy lamentándose está, pues encerrada en su cuarto debe estar.

En ambos pueblos había dolor, ya que Fred tampoco se salvó, pues su padre a entrenar sin descanso lo obligó. Pasaron los años  y llegó el día en que la promesa se rompió. El cielo de un tono gris se tornó, grandes gotas del cielo comenzaron a caer y unos truenos el cielo hizo estremecer. Mientras Darcy sigue llorando por la misma razón. El castigo para los jóvenes había terminado y a un acuerdo sus padres habían llegado.

Ambos jóvenes decidieron volver al sitio donde nació el amor. Corrieron para ese lado y sin darse cuenta en la misma situación habían terminado. Pidieron disculpas por su promesa no poder cumplir y así, con lo de aquel día decidieron seguir. Ambos decidieron que lo que sentían era atracción. Y por si solos dijeron la misma oración: un “te amo” dijeron ambos y luego llegó el tiempo de sellar sus labios en el beso tan esperado. 

Colores el cielo alumbraron y así un fenómeno natural había sido creado: siete colores que representaban sus emociones y el cielo colorido había quedado.

viernes, 4 de agosto de 2017

1° B escribe mitos: "Amor color arco iris"

A continuación compartimos un mito que explica el origen del arco iris, escrito e ilustrado por Sofía Queipo, Antonella Espiño y Mayra Tabare. ¡Felicitaciones a las autoras!

Amor color arco iris

Helio, dios Sol, todos los días al irse la noche, salía a ver el mundo. Todo el firmamento estaba a su vista y disposición, salvo una parte del norte, la cual siempre era ocupada por Nubar (dios de las nubes). Helio nunca podía ver esas zonas y al pedirle a Nubar permiso para contemplarlas, este siempre ponía una excusa.

—¡Nubar! —gritó Helio para llamar su atención. Nubar se dio vuelta y al divisar a su compañero gruñó.

—¿Qué quieres, Sol?

—Ja. Mi nombre es Helio… Quería preguntarte si me dabas permiso para cruzar tu parte para ver tu lado del cielo. ¿Podrías hacerme ese favor?

—Oh. Em… No. Lo siento, pero mis nubes están un poco desordenadas y tengo mucho trabajo… 
Adiós —dijo desapareciendo rápidamente el nebuloso dios.

Helio, un poco disconforme, vio a lo lejos un hueco entre las nubes y decidió colarse por allí. Al entrar vio todo más oscuro de lo común y sintió una extraña sensación que nunca había experimentado: el frío. Al caminar, sintió agua en su cálida piel, se dio vuelta y vio a la diosa de la lluvia, Hidris.

—Hola —dijo ruborizada la diosa—. Lamento haberte ¿mojado? Jajaja. Soy Hidris, diosa de la lluvia.

Helio, embobado ante la belleza de la diosa, tardó en reaccionar, pero dijo:

—Oh…Eh… Hola. Soy Helio, dios Sol, y no, no te preocupes. Estoy bien.

—¡Eres el dios del sol! Un gusto conocerte, nunca te había visto por aquí… Tienes suerte de que Nubar no te haya visto. Se pone muy celoso.

—Sí, me he dado cuenta. Tuve que escabullirme por un hueco para entrar.

Y así se quedaron hablando por unas horas, hasta que Helio vio que Nubar se acercaba y se despidió dejando una estela rojiza en las nubes. Nubar, al ver a la diosa tan contenta y ese color rojizo, se dio cuenta del pasaje del sol. El dios de las nubes, muy enojado, decidió ir en busca de Helio para aclarar las cosas.

—Helio, ¿tú has cruzado mi sector?

—¡No! —respondió el dios muy nervioso. ¿Cómo crees?

—Es que he visto una parte teñida de rojo y no hay otra explicación… Te he dicho que no cruzaras mi parte por una razón y me gustaría que la respetaras.

—Bueno, sí, te he mentido…. Es que me he enamorado de Hidris —replicó el Sol.

Nubar, furioso, le prohibió al dios volver a acercarse al páramo nebuloso y le advirtió que si volvía a acercarse a Hidris sería lo último que haría.

La diosa de la lluvia escuchó la discusión y, escondida, esperó a que Nubar se marchara para acercarse al Sol.

—¡Helio! ¡Yo también estoy enamorada de ti! —gritó la diosa con todas sus fuerzas.

—¡Hidris! Te prometo que encontraré la forma para volvernos a ver.


Hidris y Helio juntaron sus fuerzas formando un pasaje donde irradiaban colores cálidos y fríos en representación de su amor, para que todos lo supieran indirectamente. Y así fue que el sol y la lluvia se encontraron y se encuentran cada vez que llueve formando un arco de colores, al que llamamos arco iris.




1° B escribe mitos: "El castigo de Marimar"

A continuación pueden leer un mito que explica el origen del sonido del mar, escrito e ilustrado por Karen Maldonado y Erin Gutiérrez. ¡Felicitaciones a las autoras!

El castigo de Marimar

Cierta vez, en la ciudad de Nordales, cuando los hombres convivían con los dioses, una diosa de los mares llamada Marimar, hija predilecta de Poseidón, quiso conocer la ciudad de los mortales porque su padre le prohibió ir a la ciudad de los griegos.

Un día ella no aguantaba la curiosidad de cómo era la ciudad. La diosa se transformó en una doncella hermosa que estaba vestida con un vestido celeste de seda. Iba caminando por la ciudad cuando se tropezó y se cayó en brazos de un joven guerrero griego llamado Áyax. Al admirar la belleza de la doncella, ambos se enamoraron perdidamente.

—Perdona por mi torpeza —dijo Marimar, nerviosa.

—No te disculpes, fue un accidente —dijo Áyax, enamorado.

Marimar se retiró apurada porque debía volver a su pedestal, en el Olimpo.

Al día siguiente, ella volvió a la ciudad encontrándose con el mismo joven del día previo. El joven se acercó invitándola a pasear a las playas de la ciudad de Nordales, al atardecer.

—¿Te gustaría conocer las playas de esta ciudad? —dijo Áyax, animado.

—Quisiera conocer esas playas —dijo Marimar.

Y acordaron encontrarse al atardecer en las playas.

Al volver al Olimpo, el padre de la diosa la esperaba enfadado porque había desobedecido sus órdenes de no salir del Olimpo. Su padre la castigó encerrándola en una cueva subterránea que estaba vigilada por sirenas. Su canto era irresistible.

—No saldrás por diez largos inviernos por desobedecerme —dijo Poseidón, enojado.

Ante este castigo, Marimar se sentía muy apenada por desobedecer a su padre, ya que era la hija predilecta de Poseidón, y triste por no haber ido con su amado a las playas de Nordales.

Al paso de los días, semanas, meses, años, su amado Áyax había muerto por sus penas, angustias y ausencia de ella por no haberse encontrado con la doncella que amaba.

Al cumplir su castigo, las ninfas le informaron a Marimar que su amado había muerto por su culpa. La diosa, al enterarse de esa tragedia, comenzó a suspirar en las orillas del mar al atardecer creando el sonido del mar, que es el sonido de sus penas.

Desde entonces, cuando estamos cerca del mar al atardecer y oímos las olas del mar, aunque no lo sepamos este sonido proviene de las penas y suspiros de la diosa Marimar al acordarse de su amado Áyax.

viernes, 9 de septiembre de 2016

1º B - Escribimos un poema

Los siguientes poemas fueron escritos, en grupos, a partir de la leyenda urbana sobre la misteriosa aparición de dos obreros entre las estaciones de Pasco y Alberti de la línea A del subte (versión de Guillermo Barrantes y Víctor Coviello en Buenos Aires es leyenda). 


Entre Pasco y Alberti (I)

El subte de las calles Pasco y Alberti
va más despacio que nunca, la luz se apaga
y creen que están en el infierno.

La pasajera se llamaba Marina,
ella balbuceaba algo de unos muertos.
Piensan que está loca pero varios…
Pero varios ya los vieron.

El subte A, donde nadie sabe si es verdad
que murieron albañiles construyendo ese lugar.

Por eso se dice que entre Pasco y Alberti
está la estación a medio terminar,
con dos albañiles muertos sin ninguna explicación.

Lo que pasó fue que el terreno traicionó:
Derrumbó matando inocentes que aún
sufren su muerte y se le aparecen a la gente.

Los nombres de los muertos eran
Giuseppe y Leonardo, sus cuerpos
hasta ahora no fueron encontrados.

Así que mientras tanto, si son creyentes,
recen una plegaria por esas almas
extraviadas; si no, disfruten del viaje.

He visto como las almas se mueven
como si nada, como si estuvieran vivos.

Autoras: Agustina Fernández, Ayelén Escobar, Florencia Olivera y Jazmín Achata


Veo

Una joven es engañada por su novio, mas
angustiada busca la solución en la línea A.
Veo a la joven que quiso suicidarse  
pero no lo hizo y encontró otra solución mejor.

Imaginó ver una parada a medio hacer.
Había también dos obreros sentados allí.
Veo a esos hombres tan tristes
que daban pánico al verlos.

Veo a la joven que, asustada, pegó un grito.
Un joven le propuso bajar en la próxima.
Veo a los dos en un bar tomando y hablando sin más.
Trató de tranquilizarla y escucharla más.
Investigó su versión y la comparó con otra.
Es más, a alguien también ya le pasó
y se asustó.

Autores: Daniela Carballo, Delfina Mazzeo, Ezequiel Blanco y Luna Villalba


(Sin título)

Meterse en el túnel oscuro,
mirar atrás en lo más profundo.

Estar consciente y huir rápido,
salir pronto de aquí y rápido.

En el túnel corre una brisa,
por un segundo hace olvidar.

Yendo en el túnel oscuro
veo personas observándome.

Viendo mi alma siento
mi alma y mi ser despreciado.

Mi tristeza y mi corazón,
me veo perdida y con miedo.

Veo dos obreros saliendo,
sus ojos me contemplaron.

Viendo mi tristeza y mi soledad
el viento me ruge con toda su fuerza.

Me paro con toda mi fortaleza.
Seguí viendo el túnel solo.

En mi país creen
que estoy loca.

Mi amor no supera
los miedos y lo que vi.

Autoras: Anahí Gómez y Florencia Martínez


Canción de la estación

A pesar del viento en la cara
que me asfixia y me engaña
y sentía escalofríos...
Además sé que en esas estaciones
se corta la luz.

La luz se apaga y veo…
Balbuceo algo de unos muertos
y digo: ¿de dónde salió esa estación?
Se me moría el corazón.

Se me acerca un hombre
y me dice:
—Bajamos en la próxima
estación, bajamos y me contás.

Bajamos y le cuento
que veo a dos muertos
mirándome, tenían las caras
más tristes que hubiera
visto, tenían las ropas con
polvo.

Y me enteré de que
sólo las personas
tristes podían ver
a los obreros muertos.

Y en ese momento,
dije entre mí:
“Que me trague la tierra”.

Y en el mismo momento
el tren tenía
una cara caída.

Autoras: Abril Golán y Paula Calderón


Entre Pasco y Alberti (II)

Entre Pasco y Alberti
las luces se apagan
y ya no queda nada.

Estaban dos obreros
tirados en el suelo
y la gente alterada.

Nadie sabe qué pasó.
Yo debo investigarlo.

Se trata de dos obreros
olvidados con el tiempo.
Ellos ya están muertos,
la estación no los olvidó.

Guiseppe y Leonardo:
así  se llamaban ellos.
Esta leyenda es para vos
Ya que te interesa el terror.



Autores: Axel Calvimonte, Brian Heredia,  Jorge Marca, Lautaro Fiorito y Tomy Quispe


El subte ligero

Ella estaba triste,
abrió la ventana,
miró para afuera
buscando respuestas.

Algún tiempo atrás
pensó en morirse,
que nunca miró
a su alrededor.

Vi un subte que
iba muy ligero,
hay obreros, están
todos muertos.

No se acobardó
al calor del subte,
ni pensó en el susto
de esos obreros muertos.

Vi un subte que
iba muy ligero,
hay obreros, están
todos muertos.

Ella miró afuera,
abrió la ventana,
escuchó música
y después de aquello
arribaron los muertos.

Obreros de países
extranjeros muertos,
que metían miedo,
que viajaban
en el subte muerto.

Autores: Damián Aguirre, Dante Vitale, Federico Méndez, Juan La Pegna y Kevin Allauca 

miércoles, 22 de junio de 2016

Cuadro resumen: la novela picaresca - 4° año

Comparto a continuación la red elaborada por Grecia Sanchez y Claudia Troncoso:

(Pueden ampliar la imagen haciendo clic sobre ella)

Fe de erratas:
  1. Donde dice "caballeseros", debe decir caballeros.
  2. Donde dice "crueldalismo que pasaban las clases sociales", debe decir crudo realismo con el que se retratan las clases sociales. 

miércoles, 8 de junio de 2016

1° año B - Escribimos un mito (segunda entrega)

A continuación pueden leer un mito sobre el origen del color blanco de la nieve, imaginado, escrito e ilustrado por Jazmín Achata, Ayelén Escobar y Agustina Fernández.

¡Felicitaciones al grupo por el trabajo y por haber ganado la votación en clase!




La hija de Amra

Hace mucho tiempo existió una chica que se llamaba Constanza, que tenía dieciséis años y el pelo blanco como la nieve. Siempre le preguntaban por qué lo tenía así, pero ella no lo sabía. Vivió toda su vida en un orfanato en Australia pensando que sus papás biológicos nunca la quisieron, pero no sabía que sus padres eran dioses.

Su padre era Amra, el dios de los mares, y su madre era Umir, la diosa del frío y el hielo. Amra, hace dieciséis años, llevó a su hija Constanza al mundo de los mortales ya que se desataba una guerra en el Olimpo, donde murió su madre. Constanza pensaba que era una chica normal, pero un día se dio cuenta de que tenía poderes. Fue justo ese día donde toda su vida cambió.

—Estoy harta —dijo ella, llorando desconsoladamente.

—¿Qué te pasa, mi niña? —dijo la directora, una señora de bastante edad que la cuidó desde que llegó al orfanato.

—Me di cuenta de que nadie nunca me va a querer adoptar.

—No digas eso.

—Pero si nadie quiere —dijo ella.

—Yo te quiero mucho, Costy, y si nadie te quiere yo voy a estar con vos siempre —dijo la directora abrazándola.

Cerca, Amra estaba vigilándola.

—¿No creés que es tiempo de que sepa la verdad? —dijo un amigo de Amra.

—Si fuera por mí, me la hubiera traído hace mucho.

—¿Y por qué no lo hiciste? —preguntó su amigo de nuevo.

—Por miedo, por miedo a que me odie por no ir a buscarla antes —dijo Amra, cayéndosele una lágrima.

—¿Y si en verdad te quiere? —dijo el amigo.

—Eso nadie lo sabe —respondió Amra.

—No entiendo cómo no se da cuenta de que es una diosa —dijo el amigo.

—Capaz porque está tan enfocada diciendo que nadie la quiere, que no se da cuenta de lo que pasa a su alrededor —dijo Amra medio triste—. Pero pronto la voy a ir a buscar.

—¡Constanza! —gritó buscándola la directora.

—¿Qué pasó? ¿Por qué gritan? Estaba durmiendo —dijo fastidiada.

—Hay alguien que quiere hablar con vos—dijo la directora medio triste.

—¿Conmigo? —preguntó ella sin entender.

—Sí, andá rápido a mi oficina, que te están esperando ahí —dijo la directora y Constanza fue hacia allí.

Cuando Constanza entró a la oficina de la directora, se sintió medio nerviosa y empezó a buscar a quien la estaba buscando.

—¿Usted quién es? —preguntó ella mientras se sentaba en una silla.

—Soy Amra, tu papá —dijo él con los ojos llorosos.

—¿Y qué querés? —preguntó seria.

—¿Por qué me hablás así? —preguntó él, triste.

—¿Y cómo querés que te hable? ¡Apareciste después de dieciséis años! Nunca estuviste para mí y ahora venís como si nada y ¿querés que te hable bien? ¿En serio? —dijo ella llorando.

—Hija, perdón, sé que te abandoné pero fue por tu bien —dijo Amra.

—Ja, ja, ja —rió irónicamente Constanza— ¿Por mi bien? O por el tuyo. ¿No querías que fuera un estorbo? —dijo, cayéndosele las lágrimas.

—Dame dos minutos solamente y te voy a explicar por qué no hice nada para venir a buscarte —dijo él, llorando.

—Te doy un minuto, me explicás y te vas —dijo ella.

—Cuando naciste había una guerra en el lugar en el que vivimos y en esa guerra mataron a tu mamá. Tenía mucho miedo a que te hagan algo, y por eso te traje al mundo de los mortales.

—¿Mundo de los mortales? —preguntó ella sin entender.

—Nunca te diste cuenta, pero siempre te vigilé. Hace unas semanas, sé que te empezaste a sentir rara por tu pelo y tu piel tan pálida: se debe a que vos no pertenecés a acá. Yo soy el dios de los mares y tu madre era la diosa del hielo y el frío, y vos sos la diosa de la nieve, por eso necesitás tanto frío para vivir.

—Por eso siempre soñaba con una mujer que controlaba el frío y el hielo —dijo ella, mirando a la nada.

—Exacto, por eso, perdoname, hija. Te juro que si me das una oportunidad, no te vas a arrepentir —dijo Amra rogándole.

—Sí, papá. Te perdono —dijo ella abrazándolo.

—Te amo, hija.

—Te amo, papá.

Y desde ese día se cree que cuando ella está triste, la nieve se vuelve como el color de su cabello. 

1° año B - Escribimos un mito (primera entrega)

A continuación pueden leer un mito sobre el origen de la lluvia imaginado, escrito e ilustrado por Damián Aguirre, Juan Ignacio La Pegna, Federico Méndez y Dante Vitale. 

¡Felicitaciones al grupo por el trabajo y por haber ganado la votación en clase!


El dios Azcona

Azcona vivía en el Tártaro junto a Hades, el dios del infierno. Su muerte fue causada por un mortal, enviado por Zeus para que no se enterara de que era un dios. Cronos había vomitado a Hestia, Démeter, Hades, Poseidón, Hera y Azcona. Este mismo fue criado en la Tierra, porque cuando Cronos lo vomitó, todos pensaron que había muerto.

Un día Perséfone, esposa de Hades, es informada por Afrodita, que había escuchado a Zeus y Poseidón hablando. Estaban conversando sobre el futuro de Azcona en el Tártaro. Estos dos dioses no querían que Azcona se enterara de que era un dios, porque tomaban como raza inferior a los seres humanos, entre quienes Azcona fue criado.

Cuando Afrodita descubre esta historia del Olímpico, espera que Perséfone vuelva de la Tierra al Tártaro, para que encuentre a Azcona y le cuente sobre esto. Perséfone se encuentra con Azcona y entabla una conversación:

—¿Tú eres Azcona?

—Sí, soy yo. ¿Por qué, diosa? —dijo Azcona sorprendido.

—Tienes que ir a hablar con Afrodita, tiene algo muy importante que contarte.

Afrodita fue a buscar a Azcona al Tártaro, y ascendieron al Olimpo. Allí se encontraron con dioses como: Poseidón, Hera y Zeus.

Zeus habla con Azcona. Miente sobre sus orígenes, hasta que interrumpe Afrodita y cuenta toda la verdad. Ya Azcona sabe toda la verdad, pero es rechazado por los Olímpicos, porque creían que los humanos eran una raza inferior.

Cuando Azcona desciende al Tártaro, el mundo de Hades, llorando por sus hermanos, empieza a haber una tormenta gigante en la Tierra, y Azcona ve que puede controlar todo el clima descontrolado.

Azcona se escapó del Tártaro y nunca más volvió. Nunca nadie supo dónde fue, pero siempre se dice que cuando llueve, Azcona está llorando.